Volver a la inociencia

Este articulo está pensado para personas que ya han empezado el proceso de evolución espiritual, que ya caminan el camino del desarrollo personal. Si tú todavía no has dado los primeros pasos seguramente no te interesará o no lo entenderás, pero dudo que eso sea el caso ya que si no no estarías leyendo esto.

Seguramente ya sabéis que el objetivo final de todo camino espiritual es el volver a la inocencia. El problema es saber que significa eso para cada uno de nosotros. Para mi el volver a la inocencia es el volver a tener fe, el volver a creer como cuando eramos muy pequeños. Cuando el mundo era un sitio maravilloso por descubrir y todas nuestras necesidades estaban cubiertas. Muchos miraréis hacia atrás y pensaréis “mis necesidades no estaban cubiertas”, “el mundo no era maravilloso”. Lo que digo es que recordéis más atrás que eso. Os daréis cuenta que realmente no notabais los problemas, que para vosotros sí que estaba todo bien. Con el tiempo escuchamos a nuestros padres y hermanos mayores y entran los miedos, temores y el estar consciente de los peligros, pero antes de eso, al principio, todo estaba bien y las cosas simplemente eran así.

Para muchos el estar consciente de los peligros es algo bueno ya que así se está preparado para cuando llegan. Este punto de vista es el punto de vista enseñado y apoyado por una sociedad que ha olvidado su espiritualidad y es simplemente materialista. Una persona que es religiosa y tiene Fe sabe que puede confiar en dios y los peligros ya dejan de ser tan peligrosos. Ser así de religioso se acerca mucho a la vuelta de la inocencia, pero falla en un punto. Las religiones actuales se basan en que sus iglesias sabe más que los fieles, lo que significa que son ellos los que te tienen que mostrar el camino, pero el camino a la inocencia es un camino personal, es un camino donde cada uno de nosotros se encuentra con dios, donde cada uno se da cuenta que dios está dentro de nosotros, que nosotros somos dios. Cuando nos damos cuenta de esto nuestra fe es absoluta ya que la sentimos en nuestro interior como parte de nosotros mismos.

«El volver a ser inocentes no es fácil»

El volver a ser inocentes no es fácil. Todo nuestro bagaje cultural materialista nos pone mil y una barreras por el camino, pero cuando lo logras el universo escucha todos tu pensamientos, todos tus deseos y los hace realidad. ¿Por que? Porque tienes fe, y eso significa una seguridad inquebrantable de que las cosas serán como tu quieres que sean. Os preguntaréis ¿Por que el universo va a escucharme a mí? La respuesta es muy simple, somos parte del universo, estamos hechos del mismo material que el universo, los átomos de nuestro cuerpo existían antes y seguirán existiendo después, nuestro espíritu también existía antes y seguirá existiendo después. Somos parte de dios, el universo es parte de dios. Si el universo, dios y nosotros somos lo mismo por supuesto que el universo nos dará lo que queramos. Es solo cosa de pedirlo, pero pedirlo con fe. Sin la más mínima duda de que ocurrirá. Este nivel de fe solo es posible al llegar a la inocencia. Todo lo demás es fe que cubre superficialmente los miedos y temores que nuestra sociedad materialista nos ha enseñado que son “reales”.

Estos miedos nos dicen constantemente que somos un cuerpo físico y débil que está rodeado de peligros.

Foto: Alejandro Ahumada.

Estos miedos nos dicen constantemente que somos un cuerpo fisico y débil que está rodeado de peligros. Seguramente es algo que queda de cuando vivíamos en las cavernas y que la sociedad actual aprovecha para que solo nos ocupemos de eso, así aprovechando nuestro cuerpo y mente para desarrollar mas riqueza física. Las personas que han comenzado su camino saben o sienten que hay más, que esto de trabajar todos los días para pagar facturas o mantener nuestra familia no puede ser todo lo que hay y tienen razón. Un ser humano que tiene sus necesidades físicas básicas cubiertas instintivamente sabe que la vida es mas que todo eso. Empezamos a explorar otras opciones como estilos de vida alternativos, escuchamos conceptos sociales o politicos que hasta ahora no nos interesaban. Nos preguntamos si la iglesia realmente tiene todas las repuestas. Lo cometamos con amigos y familia, leemos nuevos libros, buscamos en nuestro buscador favorito de internet y empezamos a comprender que el primer paso es asumir nuestra responsabilidad por el estado de nuestro entorno, nuestro cuerpo y más importante, nuestro espíritu.

El asumir la responsabilidad de nuestro cuerpo es fácil ya que coincide con los intereses de nuestra sociedad materialista y por todas partes nos están diciendo de comer mejor, hacer ejercicio, etc. El asumir la responsabilidad por nuestro entorno es más difícil ya que implica cambio de costumbres en la manera de consumir alimentos, tratar nuestra manera de desplazarnos y gestionar la energía de uso personal. Los mas preocupados por esto se unen a grupos como Greenpeace que son la conciencia de nuestra sociedad en estos temas o se unen a partidos políticos que llevan el respeto por la vida y la ecología en su ADN. Por último el camino más difícil, el asumir la responsabilidad de nuestra vida espiritual. Como en el caso del entorno, lo primero que hacemos es desconfiar del sistema oficial, o sea la iglesia. Normalmente no pensamos que sean malos, simplemente no son suficiente.

«empezamos a comprender que el primer paso es asumir nuestra responsabilidad»

Somos el universo

Foto: Loreto Alonso-Alegre.

Siguiendo con nuestro avance espiritual encontramos gente que nos habla de conceptos alternativos como energia Reiki, de ideas como que el agua reacciona con nuestras emociones, de gente que sin razón empiezan a notar el numero 11 por todas partes y finalmente descubrimos nuevas ideas como las entregadas por Kryon u otros parecidos. Cada una de estas cosas son como piezas de un puzzle que poco a poco nos dan el tipo de respuestas que hemos estado buscando. Como en Matrix, el empezar por este camino es el tomar la pastilla roja y entrar en la madriguera, pero a diferencia de Matrix, el mundo que descubrimos es algo bueno y positivo, pero cuidado que también hay bajones y depresiones. El asumir la responsabilidad y ya no tener a alguien “superior” como una iglesia diciéndonos lo que es bueno o malo, no es fácil. Lo más importante en este camino es el saber que todos somos dios, que todos tenemos ese poder. El confiar cuando las cosas parecen mal, que alguna experiencia útil o aprendizaje saldrá de eso y nos ayudará en el futuro. Herramientas que son muy utiles en este camino son las meditaciones como las guiadas que son muy agradables de hacer en grupo o las meditaciones estilo Zen. Estas meditaciones nos permiten vaciar nuestra mente de las influencias de nuestro entorno y propio cuerpo para quitar la niebla del dia a dia y poder vernos a nosotros mismos. Poder ver nuestro espíritu como algo real y volver a encontrar nuestro Yo Superior, esa conexión que nuestro espíritu tiene con el universo. Ese Yo que es el que utilizamos para poder pedir al universo nuestros deseos y que el universo nos oiga. Una vez que nos damos cuenta que esto es posible, ya no tenemos excusa para no creer, para no tener fe y nuestra confianza en nuestra union con el universo no hace más que crecer.

En este punto, cuando nos damos cuenta que somos el universo, que somos dios, es cuando hay que dar el último paso y tener fe. Pero no es suficiente el decir “Yo creo”, “Yo tengo fe”, sino que esta unión con el universo tiene ser real, no pueden haber dudas, tiene que ser tan real como el meterse en la ducha y mojarse con el agua. Cuando el saber que sois dios, que sois el universo es ya parte de vuestra realidad, entonces podéis dar el ultimo paso y volver a la inocencia. Después de todo el universo entero os está cuidando y vosotros sois Dios.

 

Si ya estáis caminando vuestro camino personal de descubrimiento, todo esto tendrá sentido o os sonará “correcto”. Obviamente esta es mi versión pero he sentido la necesidad de compartirla.

Como dice la canción de Enigma “No es el principio del final, es el volver a ti mismo, es el volver a la inocencia.”

Artículo de Alejandro Ahumada.